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Las “armadas del asfalto” del siglo XX, y sus “mascarones de proa”. (I)

10 Ago

Emblema de JaguarSiempre me ha fascinado la figura compacta del jaguar plateado saltando agresivamente desde el borde delantero del capó de los modelos de esta marca de coches, lanzándose a comerse… lo que le pongan por delante. Belleza, perfección de curvas, pose aerodinámica, fuerza, determinación, presencia, hipnotismo… Hay muchas cosas que comunicar, más allá de (o junto con) la velocidad, el chasis o el motor. El que piense que el proceso creativo de estos emblemas tridimensionales era baladí, está trivializando algo que podía tardar años en ver la luz de la satisfacción por parte del propietario que lo escogía como representación de su firma. Para el proceso creativo necesario para la creación de un logo hoy en día se contrata a una empresa, pero antes no había, y siempre se acudía a artistas, y al hacerlos en 3D lograban añadir más ópticas… ¡hasta en el nombre!, por la figura escultórica que iba “de avanzadilla”.

Era común encontrar en la primera década del siglo XX, en las diferentes marcas de automóviles, a mascotas de bronce que, a modo de logotipos, se ubicaban sobre las parrillas de los radiadores, como si fueran los mascarones de proa de barcos sobre ruedas destinados a conquistar el mundo… de la carretera.

El Espíritu del Éxtasis.

En la época en que nació Rolls-Royce era habitual que lo que hoy son los logotipos de las marcas fuesen unas originales maEl Espíritu del Éxtasisscotas, y no precisamente de peluche, sino fabricadas en un material que perdurase y que visualmente fuera atractivo. Sin embargo, a Rolls-Royce no le gustaban nada aquellos alegóricos animalitos fundidos en bronce, porque los propietarios de los coches tendían a cambiarlos por creaciones más vulgares.
Por eso, en Rolls-Royce esperaron hasta 1911 para decorar sus frontales con un distintivo que, andando el tiempo, se ha convertido en bandera de la exclusividad. La inspiración se la dio el Silver-Ghost que conducía John Walter Scott-Montagu, un pionero del automovilismo que, en 1905, era nombrado Lord Montagu de Beaulieu y trabajaba como editor de la revista “ThEl Espíritu del Éxtasise Car”. Montagu había encargado al escultor Charles Sykes el diseño de uno de estos “mascarones” y el artista le entregó la figura de una dama en escorzo que con un dedo en los labios indica silencio. Una figura que enamoró a Rolls y a Royce tanto que le pidieron a Sykes una creación también para ellos. Así nació el Espíritu del Éxtasis.

Y así los Rolls-Royce exhiben esta pieza ya casi de culto, desde aquel entonces, sobre un radiador que remeda las columnas de un templo griego. A partir de 1948 las dejaría de producir el propio escultor, para pasar a ser realizadas por la empresa. Y el baño de plata del principio, fue sustituido por niquelados para evitar los muchos robos que se producían.

Clase, pureza, velocidad… la marca y el emblema transmiten lo mismo.

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Publicado por en 10 agosto, 2011 en Curiosidades-Otras noticias

 

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